Estaría bien una presentación ¿verdad? veamos...
Me llamo Amaya, tengo 33 años y dos hijos a los que adoro. Supongo que a esto podría llamarle mi información personal.
Ahora os contaré algo mas sobre mi, por ejemplo que siempre me ha gustado leer, y siempre es siempre, cuando no podía hacerlo yo misma tenia a mi madre horas sentada en mi cama leyendo por mi y cuando aprendí a leer lo hacía continuamente, de niña casi todo mi tiempo libre estaba dedicado a lectura, ahora de adulta nada ha cambiado.
Que recuerde, siempre he tenido historias en mi cabeza, de pequeña se transformaban en cuentos y redacciones para el colegio, fui creciendo y muchas veces las dejaba fluir en mi mente pero llegó un día en el que me di cuenta que su sitio era una hoja de papel y eso es lo que hice, comencé a escribir.
Al principio lo hacia para mi misma, jamas pensé en compartir con nadie algo tan personal, pero las cosas ocurren a veces sin que podamos hacer nada para evitarlo y cierto día en el que estaba con mi hijo pequeño en el parque comencé a escribir sentada en un banco y una amiga me vio. Ese es el principio de Renacidos. Una cosa llevo a la otra y cada vez que ella leía un capítulo me pedía que continuase escribiendo y lo que debía haber sido un texto sin principio ni final tomo forma y se convirtió en mi primera novela.
¿Que puedes encontrar en este blog?
lunes, 4 de junio de 2012
domingo, 3 de junio de 2012
www.facebook.com/Renacidosprimerviaje.
Bien, aqui teneis la dirección de la página de Renacidos que he creado en facebook, los que me conoceís ya sabeís como soy asi que dadme algo de tiempo para mejorarla ¿vale?
Aun estoy luchando con el blog...
Bien, aqui teneis la dirección de la página de Renacidos que he creado en facebook, los que me conoceís ya sabeís como soy asi que dadme algo de tiempo para mejorarla ¿vale?
Aun estoy luchando con el blog...
CAPITULO 5, ANIMAL
Muchas veces me he preguntado que animal sería, aunque no me resulta
muy difícil de imaginar, sería algún tipo de felino, seguro. No sé exactamente
cual, creo que eso dependería del momento. Me gusta estar sola, no sólo no me
molestan el silencio ni la soledad, sino que me cuesta mucho compartir mi
tiempo con alguien con quien no me sienta completamente a gusto, tiene que ser
una persona realmente especial, capaz de estar a mi lado sin sentirse incómodo
en silencio, porque no siempre es necesario hablar, a veces es incluso mejor no
hacerlo.
Otras
veces me siento increíblemente mimosa, necesitada de cariño, de caricias, de
contacto físico y esa es la parte que me resulta más difícil porque cuando ese
momento llega ya he conseguido apartar de mi lado a la mayor parte de las
personas que en algún momento estuvieron dispuestas a darme todo eso.
Y
otras veces, algunas de ellas sin motivo, me vuelvo, arisca y agresiva. Al
parecer mi carácter y mi personalidad se guían sin rumbo, libremente, sin que
yo pueda hacer nada por evitarlo.
¿Y
qué animal sería él? No tenía ninguna duda, un lobo, lo sabia sin conocerle,
siempre protegiendo a los suyos, tierno y juguetón en ocasiones pero siempre
cerca y alerta para defender aquello que ama. Y ahora él me sentía suya y por
lo tanto nunca dejaría que nada malo me pasase, no hacía falta que me dijese
nada, yo ya lo sabía, lo había notado esa noche con fuerza, me había sentido a
salvo.
Me
cogió en brazos y me llevó a casa, en silencio, me dejó en la cama suavemente
sin despertarme, en realidad no recordaba ni siquiera estar dormida, podía
sentirle, notaba la suavidad con la que me trataba, la sencillez y la
familiaridad de todo lo que hacía convertía aquel momento en algo irreal, tal
vez estaba soñando, pero si era así, era un sueño que ya había vivido antes.
viernes, 1 de junio de 2012
CAPITULO 4, LA PRIMERA NOCHE
Al cabo de un rato empecé a sentir la imperiosa necesidad de ir al
baño. Miré a mi alrededor pero Izan aún no había salido de casa por lo que
decidí que tendría tiempo suficiente de entrar y salir antes de que el
estuviese de vuelta.
-Ahora
mismo vuelvo chico –le dije al pastor alemán que aún continuaba con la cabeza
apoyada en mi regazo –. Te prometo que no tardaré nada.
En
cuanto me puse en pie y comencé a andar me di cuenta de que tenía intención de
cumplir las órdenes de su amo a la perfección puesto que me seguía decidido y
resuelto a casa.
-Vale,
ya veo que te tomas tu trabajo muy en serio, si quieres puedes esperarme aquí
fuera –dije mientras abría la puerta de casa, ladeó un poco la cabeza hacia la
izquierda mirándome con atención.
-Será
un minuto, lo prometo.
Era
consciente de que si alguien me veía lo más seguro es que pensase que estaba
loca, allí plantada en la puerta, de noche y hablando con un perro que, para
postre ni siquiera era mío, pero ese animal parecía entender realmente lo que
le decía así que para mí aquella situación no tenía nada de particular.
Entré
rápidamente en casa sintiéndome algo culpable al cerrar la puerta tras de mí y
dejar al perro fuera así que en el último momento decidí abrirla de nuevo, y
contemplando a ese gran animal tendido justo en la entrada de mi casa me di
cuenta de que nadie intentaría entrar.
Después
de ir al lavabo fui a mi habitación esperando encontrar entre mi equipaje
alguna camiseta de manga larga en la que no me hubiese fijado al guardar la
ropa en el armario pero como me temía no había llevado ninguna, tendría que
preguntarle a Rosa si había alguna tienda de ropa en el pueblo donde comprar en
pleno mes de julio un par de camisetas de manga larga.
Justo
cuando salía por la puerta me di cuenta de que sobre la cama había dejado una
pequeña mantita roja y negra, ya no me acordaba de ella pero la había
encontrado dentro de un armario mientras hacía limpieza, la había lavado y
apenas había tardado un par de horas en secarse, no era lo suficientemente gruesa
como para dar calor pero me serviría para lo que tenía pensado, la cogí y fui
rápidamente a la puerta. Allí continuaba Travis tumbado, en cuanto me vio
aparecer se puso en pie.
-Ya
está chico, te dije que no iba a tardar mucho –dije mientras le acariciaba la
cabeza y cerraba la puerta tras de mí –. ¿Y qué me dices de tu dueño?, todavía
no parece que haya terminado con sus preparativos así que, si no te parece mal
se me ha ocurrido una manera mejor de esperarle, ¿Vamos?
Me
encaminé hacia el claro con la manta en el brazo y el perro a mi lado, sí tenía
que esperar no había diferencia entre hacerlo sentada en una piedra o
cómodamente tumbada sobre la manta en la hierba, ya estaba anocheciendo y podía
empezar a apreciarse un cielo completamente estrellado. Cuando llegué a una
zona más despejada y lisa que el resto tendí la manta en el suelo y me senté en
ella dispuesta a esperar, Travis se tumbó junto a mí, fuera de la manta pero lo
suficientemente cerca como para que sintiese su aliento en mi mano.
Apenas
me di cuenta de que me había tumbando pero es que comenzaba a estar cansada de
verdad. Mis pensamientos me llevaban una y otra vez a él, ni siquiera llevaba
un día entero en el pueblo y sólo había pasado una tarde con Izan, habíamos
tenido un par de conversaciones, cortas y además bastante raras pero aun así me
sentía a gusto, más relajada, tranquila, no sabía si aquello estaba bien o era
normal teniendo en cuenta que apenas le conocía, pero me gustaba como me hacía
sentir, más que eso, me gustaba el no pensar mientras estaba con él. En algún
momento mis ojos se cerraron del todo y me quede dormida.
Al
cabo de un rato, noté algo sobre mí, a pesar de sentirme más a gusto comencé a
abrir los ojos despacio, me escocían a causa del sueño y por eso supe que no
había dormido demasiado aunque la noche era ya del todo cerrada, el cielo
estaba completamente negro y podían verse literalmente millones de estrellas.
Entonces me di cuenta de que estaba tapada con una gruesa manta, Izan estaba
sentado a mi lado mirándome en silencio, no sonreía pero su mirada y su
expresión eran agradables, hermosas.
-Pero
que… –me incorporé lentamente para no marearme, aún me sentía algo
desorientada.
-Tranquila
–dijo mientras me acariciaba el pelo –. Todo está bien, te has quedado dormida,
al parecer he tardado más de lo que pensaba, lo siento.
-No,
no pasa nada, es que estaba cansada, está siendo un día muy intenso. ¿Cuánto
hace que estas aquí?
-No
mucho, tal vez una hora.
-¿Llevas
una hora ahí sentado? Tenías que haberme despertado, has debido de aburrirte
mucho sin hacer nada.
-Si
que estaba haciendo algo –dijo sonriéndome –. Te estaba viendo dormir.
-Vaya,
gran plan, seguro que lo has pasado bien
-Te
confundes, ha sido muy interesante.
-¿Interesante?
-Si,
y muy agradable además he de añadir. Cuando llegué estabas completamente
dormida, apenas te movías y me dio la sensación de que lo necesitabas. Además
no creo que a Travis le hubiese gustado que te despertase.
-¿A
Travis? – me giré hacia la derecha y entonces me di cuenta de que el animal
estaba a mi lado completamente dormido, respiraba profundamente y tenía su
cabeza recostada en mi pierna.
-El
también estaba cansado y en cuanto vio que venía dejó caer la cabeza junto a ti
y se durmió
-Vaya,
pobrecillo –dije mientras le acariciaba el lomo distraída.
-Bueno,
veo que os lleváis bien.
-Si,
es un animal esplendido y muy cariñoso.
-Si
que lo es, y además le gustas, está tranquilo a tu lado, le gusta protegerte.
-¿Tú
crees? –yo también me sentía a gusto con él.
-Sin
duda, ¿por qué crees acaso que no se ha dormido hasta que yo no he llegado?,
estaba haciendo lo que yo le he pedido que hiciese, estaba cuidando de ti hasta
que yo llegase y sólo cuando me ha visto se ha permitido descansar.
Me
quedé en silencio mirando al pastor alemán, pensando en lo que Izan acababa de
decir, me costaba creer que un animal pudiese ser tan responsable y consciente.
-¿Todavía
tienes hambre? –dijo sacando un pequeño bocadillo de una bolsa de tela.
-Pues
la verdad es que sí, estoy hambrienta.
-Me
alegro porque he traído además algo de fruta de postre.
-¿No
habrás traído agua también? –tenia la boca seca.
-Si
claro, toma –dijo acercándome una botella de agua que cogí al instante.
Cenamos
en silencio, no me resultaba extraño estar allí sentada con él sin hablar, en
ocasiones me sentía incómoda o a disgusto cuando estaba con alguien en silencio
pero no con Izan, en ese momento algo era diferente, a él tampoco parecía
importarle el hecho de que no hablásemos, simplemente estábamos allí sentados
comiendo unos bocadillos y mirando el cielo.
-Bueno,
¿Qué te parece? –dijo mientras se tumbaba a mi lado –. Es precioso ¿Verdad?
-Si
que lo es, nunca había visto tantas estrellas. Tenias razón, hubiese sido una
lástima perderme esto, es una bonita manera de acabar el día –dije mientras me
tumbaba junto a él, había cerrado los ojos aunque no estaba dormido, le sentía
respirar, veía el movimiento acompasado de su pecho y sentía el calor que
desprendía su cuerpo junto al mío.
-¿Estás
bien? –dijo con los ojos aún cerrados.
- No
lo sé.
-¿Qué
pasa? –abrió los ojos y giró la cara hacia mí.
-No
lo sé, me siento rara –dije apartando la mirada –. Estoy bien, pero aun así me
siento extraña.
-Ya
lo sé, no te preocupes.
-¿Lo
sabes?
Esta
vez la que cambió de postura girándome hacia él fui yo, apoyé la cabeza en la
mano para poder mirarle a la cara.
-Si,
sé a que te refieres, no es habitual pasar la noche con una persona a la que
acabas de conocer, no es algo que yo tampoco haga muy a menudo.
-Y
que hacemos aquí entonces.
-Yo
estoy a gusto contigo, ¿Tu no? –también él se había apoyado en la mano y ahora
estábamos los dos cara a cara, su voz sonaba tranquila pero sus ojos parecían
diferentes.
-Si,
yo también, y eso es lo raro, no me suele ocurrir a menudo –me miró con
curiosidad –. Me refiero a que no me suelo encontrar a gusto con gente a la que
no conozco, yo no soy así.
-Bueno,
eso va a cambiar, conmigo vas a estar bien –dijo mientras volvía a tumbarse en
la manta.
Me
tumbé de nuevo a su lado mientras cerraba los ojos, pensaba en lo que me
acababa de decir, con él estaba a gusto y le creía cuando me había dicho que a
su lado iba a estar bien, pero había algo más, con él no me sentía incómoda ni
extraña pero no era sólo porque fuese amable o cariñoso conmigo, había algo
más, era como si no estuviese junto a un extraño, tenía más que la sensación de
conocerle, el estar allí tumbada junto a él era algo que me resultaba familiar.
Estaba
empezando a quedarme dormida de nuevo cuando oí su voz cerca de mí, susurrándome
al oído, como en un sueño –Todo tiene que empezar de alguna manera ¿no crees?
–asentí despacio con la cabeza, los parpados me pesaban demasiado –. Aunque no
sea la primera vez. Te he echado de menos –no podía ni siquiera mover la
cabeza, estaba completamente dormida, sin duda estaba soñando, me había vuelto
a dormir, noté entonces como si me elevase, estaba en el aire y unos brazos me
sujetaban firmemente, sentí un suave roce en la frente.
jueves, 31 de mayo de 2012
CAPITULO 3, EL POZO
Miré por la ventana y me di cuenta de que iba a atardecer, el día
había pasado sin apenas ser consciente de ello, había refrescado un poco pero
la temperatura aún así era agradable. El cielo estaba despejado y no se veía a
nadie en la calle. Me pareció que sería una buena idea comer algo en el porche
tranquilamente mientras veía atardecer, sería una agradable manera de acabar un
día tan peculiar como el que había tenido.
Me
hice un bocadillo y cogí un bote de zumo de la nevera dispuesta a llevar a cabo
mi plan de una merienda tardía en el porche, en cuanto abrí la puerta y salí a
la calle supe que aquella había sido una gran idea, se respiraba tranquilidad y
apenas se oía algún ruido.
Me
senté tranquilamente en la escalera de la entrada mirando alrededor y parándome
por primera vez en todo el día a observar realmente lo que me rodeaba, era
precioso. Mi casa era la última de la calle y junto a ella había una gran
parcela de tierra que hace tiempo había sido una huerta, aquello si lo
recordaba, la vieja huerta del tío Agustín, cada recuerdo que conservaba de él
tenia lugar allí, adoraba aquella tierra y la cuidaba y mimaba constantemente,
sin duda ahora no tenía nada que ver con lo que era antes, estaba llena de
plantas, flores y hierbas silvestres, aunque todavía podía apreciarse levemente
el camino que traspasaba la huerta, desde casa hasta el bosque. El bosque si
continuaba igual, verde, espeso, lleno de árboles, apenas podía verse nada a
través de él, y si la memoria no me fallaba justo detrás debía de estar el río.
Dejé
que mi vista vagara por el paisaje deteniéndose de vez en cuando en los
pequeños detalles que no había sabido ver hasta ese momento, sin duda había
tomado la decisión adecuada, aquel lugar me ayudaría, estaba segura de ello.
Me recosté con cuidado sobre la barandilla mientras le daba el último
mordisco al bocadillo, cerré los ojos despacio, respirando hondo mientras dejaba
que aquella agradable sensación me envolviese. Me di cuenta de que empezaba a
sentirme de nuevo somnolienta y abrí despacio los ojos intentando centrar la
mirada en algo, no quería quedarme allí dormida, y fue entonces cuando vi el
pozo. En frente, justo al comienzo del camino, casi escondido entre los
arbustos y las ramas de un gran árbol que no supe identificar. Aquel era uno de
mis lugares preferidos cuando era niña, no pude evitar sonreír al verlo y casi
inmediatamente sentí en mi boca el sabor de su agua, siempre fresca y
deliciosa, ni siquiera me di cuenta de que me había levantado y avanzaba hacia
él, casi podía verme allí sentada de niña con el tío, sacando agua con el cubo
y mirando hacia el fondo mientras él me agarraba con cuidado para que no me
cayese dentro, nunca entendí ese miedo que a mí me parecía del todo irracional,
estaba segura de que nada malo podía pasarme allí, sin duda aquel era mi lugar
favorito, por aquel entonces no creía que pudiese existir ningún lugar más
mágico que aquel.
Cuando
estuve al lado del pozo por un momento sentí miedo, miedo de que hubiese
cambiado, de que no fuese el mismo lugar, pero estaba equivocada, me di cuenta
cuando me recosté un poco sobre el frió borde de piedra, a pesar de lo rápido
que había atardecido aún se podía ver el agua cristalina en el fondo y las
paredes de piedra gris, incluso podía sentir aquel sabor de nuevo en mis
labios.
-Hola
preciosa.
-¡Mierda!
–el bote del zumo resbaló de mi mano hasta caer dentro del pozo –. ¡Joder!
Ni
siquiera me di la vuelta para ver quién estaba detrás de mí y me incliné
rápidamente dentro del pozo estirando el brazo como si con aquel ridículo gesto
pudiese recuperar la botella que ya estaba en el fondo del pozo.
Sentí
que unas manos grandes y fuertes me agarraban por la cintura suave pero
firmemente.
-Eh
cuidado… –era él, estaba detrás de mí, mirándome con cara de preocupación, el
pelo negro y revuelto le caía sobre la frente, me miraba con los ojos
entrecerrados y el ceño fruncido –. Te he asustado otra vez. ¿Verdad?
-Ya
bueno, si que me has asustado y se me ha caído el zumo dentro, no sé a quien
pertenecerá ahora este pozo pero no creo que le haga gracia descubrir que el
sabor del agua tiene un ligero toque a naranja porque a una torpe como a mí se
le ha caído un bote de zumo al fondo, imagino que alguien se va a enfadar mucho
y lo hará con razón –su cara pareció cambiar en ese momento, sus labios se
relajaron y mostraron una media sonrisa que me obligó a contener la respiración
a pesar de lo enfadada que estaba en ese momento con él, lo que hizo que me
sintiese aún más molesta, no sólo me asustaba y provocaba con ello que se me
cayese el zumo, sino que además todo aquello parecía divertirle.
-¿Qué
pasa? ¿Te hace gracia?
-No,
tranquila, no es eso, es sólo que el dueño no se va a enfadar, te lo prometo.
Continuaba
sonriendo y me miraba directamente a los ojos, cada vez más relajado y
divertido por la expresión de mi cara.
-Vale,
si tú lo dices tendré que creerte ¿no?
Ahora
sonreía ampliamente y sin ningún disimulo, no sabía que me molestaba más de
todo, el hecho de que encontrase tan divertido lo que a mí me preocupaba o que
me costase tanto centrarme o decir cualquier cosa por culpa de esa sonrisa.
-Puedes
creerme, es mío y te prometo que no me enfadare cuando note un ligero sabor a
naranja la próxima vez que beba de el.
-¿Es
tuyo? ¿Si?, no lo sabía.
Ahora
entendía porque no podía dejar de sonreírme, él era el dueño del pozo y yo no
hacia más que lamentarme por lo enfadado que se pondría cuando se diese cuenta
de todo, bueno, supongo que tal vez si tuviese cierta gracia, aunque desde
luego no en ese momento y no para mí.
-Hace
sólo un par de semanas que vivo aquí –Rosa había sabido calcular a la
perfección el tiempo que llevaba su nuevo y guapo vecino en el barrio –. Tu has
llegado hoy ¿verdad? Te he visto esta mañana cuando has bajado del taxi, he
pensado en presentarme y ayudarte con las maletas pero la verdad es que has
sido demasiado rápida para mi, casi no me había terminado de poner las
zapatillas y tu ya estabas dentro.
-Bueno
pues si lo que querías era presentarte podías haberlo hecho cuando nos vimos
esta mañana – solté malhumorada.
En
el mismo momento en el que hablé me arrepentí de haber usado un tono tan
desagradable. Pero él continuo hablando, aparentemente sin prestar atención a
mis palabras.
-Luego
también te vi sentada en las escaleras mirando mi casa –me puse tensa sin
quererlo, así que si me había visto, no había hecho nada malo pero no podía
evitar sentirme como una fisgona –. También pensé en salir a presentarme pero
vi que tenias compañía y no quise molestar, creo que tal vez ahora sea un buen
momento para intentarlo de nuevo –sonrió pero esta vez sus labios dibujaron una
sonrisa cálida y seductora y sus ojos me miraban expectantes mientras me tendía
la mano –. Soy Izan.
-Vale,
yo soy Carla –dije mientras le daba la mano que estrecho suave pero firmemente
entre la suya –. Aunque eso ya lo sabías ¿no?
-Si,
sí que lo sabía, aunque siempre me han gustado las presentaciones formales. Encantado
de conocerte por fin Carla, este es Travis –dijo mientras se giraba hacia su
izquierda y señalaba a un pastor alemán que estaba acostado detrás de él.
-Vaya,
hola Travis, eres muy guapo.
No
me había fijado en ese esplendido animal hasta ese momento y no pude explicarme
como no lo había visto, era un perro grande y elegante con el lomo oscuro.
Tenía la cabeza sobre las patas delanteras y nos miraba con curiosidad.
-Es
más que guapo, es el animal más amable y fiel que puedas conocer, mientras esté
a tu lado puedes estar tranquila, el jamás dejará que nada ni nadie te haga
daño, te lo aseguro, ¿verdad chico?
El
animal hizo ademán de ir a levantarse pero en su lugar Izan se agachó para
acariciarle con ternura la cabeza, el perro volvió a recostarse mientras emitía
un pequeño suspiro.
-Espero
que no estés enfadada conmigo –dijo mientras se ponía de nuevo en pie.
-¿Enfadada?
No que va, es que... –me sentí emocionada al oírle hablar de aquella manera del
perro y aquel cambio de actitud me pilló con la guardia baja –. Es que tengo un
pronto algo impredecible, o eso dicen, al parecer me cuesta un poco contener mi
humor, si, creo que esa es la mejor manera de explicarlo, en fin, ya te irás
dando cuenta cuando me conozcas mejor –lo solté todo seguido, sin pensar, y él
me miraba divertido mientras yo no dejaba de hablar sobre mi carácter y mis
cambios de humor.
-Bueno
eso espero, ya sabes, conocerte mejor, me gustaría, me gustaría mucho –en ese
momento noté como toda la sangre me subía a la cabeza a la vez.
-Bueno,
no sé muy bien que contestar a eso, yo no… –me sentía avergonzada y no podía
levantar la mirada del suelo.
-No
tienes que contestar nada –su voz era cálida y acogedora, sin duda había notado
que me sentía incómoda en esa situación –. Lo siento, lo he dicho sin pensar,
no creí que estuviese diciendo nada que pudiese molestarte, sino no lo habría
dicho, créeme.
-¡No!
No me has molestado –dije levantado la cara y mirándole a los ojos, estaba
serio y había inclinado la cabeza para poder mirarme a los ojos, se irguió y me
miró con curiosidad.
-No
entiendo entonces.
-Soy
yo, no soy buena haciendo amigos y no sé muy bien cómo comportarme cuando
alguien a quien sólo he visto una vez dice que quiere conocerme mejor, no es
que me haya molestado es que…
No
pude acabar la frase, no porque no supiese como continuar, al contrario, era un
pensamiento que tenía muchas veces pero que nunca había expresado en voz alta,
simplemente porque no quería oírlo.
-Es
que… –dijo animándome a seguir.
-Es
que nadie ha querido nunca conocerme mejor –contesté finalmente mirando de
nuevo al suelo y sintiéndome de golpe triste y agobiada.
-Bueno,
ya puedes perdonarme, pero no te creo.
-¡Que!
–esta vez mi mirada buscó involuntariamente la suya.
-Pues
que no te creo, eso simplemente no es posible. No, espera, no me mires así
–dijo al darse cuenta de mi cara de incredulidad, ¿el me estaba diciendo a mí
que eso no era posible? desde luego no sabía nada de mí, era obvio que no nos
conocíamos, que sólo éramos extraños –. Lo único que digo es que simplemente tú
no lo habrás notado.
-¿Notar
el que? –dije sin poder contenerme apenas.
-Que
había gente a tu alrededor que quería conocerte mejor, que quería formar parte
de tu vida, tal vez tú no les dejaste pasar –dijo la última parte de la frase
bajando el tono de voz, haciendo que sonase tranquilo y amigable o por lo menos
intentándolo.
-Ya.
Y eso lo dice una persona que me conoce desde hace medio día.
-Tienes
razón, no te conozco, pero es que perdona no puedo concebir que exista alguien
en este mundo que no haya querido conocerte mejor, estar cerca de ti hasta
ahora, porque desde luego lo que es a mí, me pareces la mujer más encantadora y
atractiva que he visto nunca.
No
podía hablar, ni moverme, ni siquiera sabía si estaba respirando, todo aquello
era..., no sabía qué hacer ni si tenía que decir algo, no sabía ni siquiera si
tenía que reaccionar de alguna manera.
-Bueno
preciosa –dijo mientras sonreía de nuevo y me daba un ligero empujón en el
hombro –. Ahora tampoco tienes que decir nada, pero si te agradecería que
dejases de apretar los dientes de esa manera, si sigues así vas a estropear esa
bonita sonrisa que tienes y eso no estaría bien.
Tenía
razón, aflojé la presión de la mandíbula y respiré profundamente notando como
el aire llenaba mis pulmones, no pude evitar que un escalofrío me recorriese el
cuerpo.
-Ha
refrescado, ¿tienes frío?
-Si,
creo que si.
Empecé
a sentirme mejor aunque no me sentía capaz de mirarle de nuevo a los ojos, esta
vez sí que me sentía avergonzada, no había sabido contestarle, seguramente
acababa de decirme lo más bonito que me habían dicho nunca y yo era incapaz de
levantar la mirada del suelo para darle las gracias o hacer cualquier cosa que
le hiciese entender que agradecía sus palabras, era incapaz.
-¿Tienes
hambre?
-¿Hambre?
–acababa de comerme un bocadillo, aun así… –. Pues la verdad es que también
tengo algo de hambre –empecé a levantar despacio mi mirada del suelo intentado
adquirir una posición más natural.
-Bueno,
se me ha ocurrido una idea para solucionar las dos cosas –estaba animado y no dejaba
de sonreír, yo en cambio apenas podía articular palabra.
-Te
escucho, sorprenderme.
-¿Qué
te parece si entras en casa, te pones algo que te abrigue un poco más y yo
mientras hago la cena?
-¿La
cena?
-Si
claro, aquí las noches son preciosas y sería una lástima que tu primera noche
la pasases encerrada en casa y no cenando mientras ves las estrellas, de verdad,
es muy relajante. ¿Te apetece?
-Bueno,
la verdad es que...
-No
voy a dejar que me pongas ninguna excusa ni nada por el estilo así que ni lo intentes
–en ningún momento había dejado de sonreír y parecía muy seguro de sí mismo.
-Ya,
te creo pero sólo iba a decir que no recuerdo haber traído nada con lo que
abrigarme –me fije entonces por primera vez en cómo iba vestido, llevaba una
camiseta de manga larga gris y unos pantalones vaqueros.
-Vale,
sin problema, entonces espérame aquí un momento y yo me encargo de todo, bueno
a no ser que quieras pasar.
¿Pasar?,
si apenas había logrado comportarme al aire libre mejor sería no averiguar que era
capaz de hacer o decir entre cuatro paredes.
-No,
tranquilo puedo esperar aquí fuera.
-Pues
entonces…. –alternó su mirada entre su casa y Travis durante un momento hasta
que finalmente habló –. Bueno Travis, tengo un trabajo para ti –dijo mirando al
pastor alemán que se sentó en cuanto escucho su nombre, como si esperase
instrucciones. Comencé a sentirme algo extraña, estaba empezando a tener la
sensación de que me perdía algo.
-¿Un
trabajo? –pregunté intentando que me hiciese participe de lo que estaba pasando.
-Por
supuesto. Travis te dejo al cargo, que nadie se acerque a esta señorita, la
dejo bajo tu responsabilidad.
-¿Perdona?
–el perro se puso inmediatamente a mi lado haciendo que todo pareciese aún más
irreal –. ¿Qué me estoy perdiendo exactamente? –no estaba enfadada pero si me
sentía como una niña pequeña de nuevo.
-Veras,
me sentiría más tranquilo si sé que el poco rato que vas a estar aquí fuera tu
sola Travis te está protegiendo, recuerdo nuestro pequeño encuentro en la
tienda y también recuerdo lo que me has dicho y como sabes no es que no crea
que seas capaz de hacerlo sola, es que a él también le gusta, se siente útil,
ya sabes. ¿A que si amigo? –Travis tenía las orejas completamente rectas y
estaba sentado a mi lado mirando a Izan, por un momento tuve la extraña
sensación de que le estaba escuchando de verdad, entendiendo todo lo que decía,
ya sé que eso no es posible pero por la expresión de sus ojos parecía que
realmente comprendiese mejor que yo todo lo que estaba pasando, de repente giró
la cabeza hacia arriba y me encontré con unos preciosos ojos oscuros mirándome
directamente, no tuve más opción.
-Vale,
le puedes dejar al mando, pero que conste que como has dicho hace un momento
soy muy capaz de cuidarme a mí misma, sólo quería dejar constancia de ello.
-De
nuevo he de decir que no me cabe duda, y gracias de todas formas –se dio la
vuelta corriendo hacia su casa –. No tardo nada.
No
pude decir nada más, en apenas unos segundos me había dejado allí sola con
Travis. Entonces me di cuenta de que ya había oscurecido, lo poco que se podía
apreciar de la calle se veía desierta, me giré hacia la huerta, todo estaba
oscuro y en silencio, en el fondo agradecía más de lo que podía admitir la
compañía de Travis, que continuaba sentado a mi lado, alargué la mano con
cuidado hacia él, no era un perro al que conociese y la verdad es que
impresionaba un poco, pero él pareció darse cuenta de mi miedo y no me dejo
tiempo para dudar, estiró un poco el cuello hacia arriba y me tocó la mano con
su morro. Le acaricié despacio la cabeza y el cuello, tenía el pelo largo y
suave, su contacto agradable y cálido me tranquilizó en el acto. Había algo en
él que me recordaba a su dueño, esa serenidad, una actitud de agradable
seguridad que resultaba contagiosa.
No
sé cuánto tiempo pasamos allí los dos, finalmente decidí sentarme en un
saliente que había en la base del pozo y Travis se tumbó inmediatamente a mi
lado poniéndome la cabeza sobre las piernas, continué acariciándole mientras
cerraba poco a poco los ojos.
De
repente aquel lugar volvía a recuperar su magia.
CAPITULO 2, LA TIENDA
-¡Hola!
–estaba sentada tranquilamente en la escalera de mi porche mirando hacia la
puerta.
-Hola.
-¿Tú
eres Carla, la sobrina de Nadia verdad? –dijo mientras se ponía de pie. Tenía
el pelo castaño claro, casi rubio, con ojos azules, algo regordeta y más o
menos de mi estatura.
-Bueno,
sí, eso creo –contesté incómoda y consciente de lo dubitativa que sonaba mi
voz.
-Yo
me acuerdo de ti –su voz en cambio tranquila y serena mostraba lo segura que se
sentía de si misma. Yo no podía decir lo mismo.
-¿A
si? Pues yo no sé qué decirte –no era capaz de recordar si la conocía.
-No
te acuerdas, bueno es normal éramos muy pequeñas, soy Rosa –el tono de su voz
se fue haciendo más suave hasta casi apagarse. Tal vez toda aquella seguridad
fuese sólo una fachada.
-¡Oh,
sí! creo que sí, nosotras jugábamos juntas de pequeñas ¿verdad? –sus ojos se
abrieron como platos, demostrando que esa era la respuesta que esperaba
escuchar desde el principio.
-Que
bien, no te has olvidado. Temía que después de tanto tiempo ya no te acordases
de mí, y no te ofendas pero la verdad es que me apetecía mucho estar con
alguien nuevo, hablar de cosas diferentes.
-
No, si no me ofendo, de hecho hasta me viene bien conocer a alguien, quiero
comprar unas cuantas cosas para la casa, algo de comida y cosas para poder
limpiar y ponerlo todo en orden, hace mucho que nadie hace una limpieza general
aquí dentro –dije señalando hacia la casa. Intenté sonar lo más amable posible
aunque no estaba segura de haberlo conseguido del todo.
-Perfecto,
si quieres cojo la chaqueta y te acompaño a la tienda.
-Eso
estaría bien, te espero.
Se
dio la vuelta sonriendo y fue corriendo a su casa, entonces me di cuenta de que
iba completamente vestida de negro, con una falda que le llegaba por las
rodillas y un jersey, no pude evitar acordarme de mi tía Nadia y me pregunté qué
motivo tendría una chica tan guapa para esconderse de esa manera.
A
pesar de que había decidido comportarme como una ermitaña y no relacionarme más
de lo necesario con la gente del pueblo sentí alivio al no tener que buscar la
tienda sin saber ni siquiera por dónde empezar, entonces sí que habría llamado
la atención. Definitivamente no estaba tan mal conocer a alguien allí.
Mientras esperaba que mi entusiasta nueva acompañante volviese me
senté en las escaleras, me encantaba ese porche con sus tres escaleras de
piedra y las gruesas barandillas de madera a los lados, era como una
invitación, como una sala de estar exterior, sensación que se acentuaba al ver
el banco de madera bajo la ventana de la que sería mi habitación. Casi sin
darme cuenta distraje mi atención hacia la casa de enfrente, era también muy
vieja pero estaba algo más cuidada que la mía. Tampoco recordaba aquella casa.
¿Viviría alguien allí ahora? Tenía un porche precioso que a diferencia del mío casi
vacío y bastante necesitado de una limpieza estaba lleno de plantas y macetas
con flores. Por supuesto que tenía que vivir alguien.
-¡Vamos
Carla!-no pude evitar sobresaltarme al oír mi nombre, me había quedado absorta
mirando aquel pequeño y curioso jardín.
-Voy
–eché un último vistazo a la casa mientras me levantaba, tenía que acordarme de
preguntarle a Rosa quién vivía allí.
El
camino a la tienda fue justo como lo había imaginado, Rosa no dejó de hablar
apenas un momento, incansable y llena de energía. La verdad es que casi no
presté atención, estaba demasiado entretenida fijándome en las casas y tiendas
del pueblo. Además nunca había hablado demasiado y últimamente me encontraba
mucho más cómoda callada. De todas maneras no me pareció que Rosa encontrara
nada inusual en nuestra conversación, a pesar de que la única que hablaba era
ella. Se la veía relajada y estaba inmersa en algún tipo de historia del pueblo,
algo sobre una fiesta la noche de no sé qué lluvia de estrellas, o algo por el
estilo. Estaba prestándole incluso menos atención de lo que me pensaba, ojalá
no esperase ningún tipo de reacción o contestación por mi parte porque hubiese
tenido que enfrentarme a un momento bastante incómodo.
Me
di cuenta de que se veía más gente por la calle, tal vez por la hora, pero
desde luego no la que había esperado encontrar. Tuve la sensación de estar en
un pueblo casi abandonado.
-Vale,
aquí es.
Se
paró de repente frente a una pequeña puerta de metal rojo, ni siquiera había
hecho el esfuerzo de intentar memorizar el camino, tendría que pedirle a Rosa
que me acompañase de nuevo a casa, aunque tampoco creía que fuese muy difícil
encontrar el camino de vuelta.
-Vaya
casi ni me he dado cuenta –comenté somnolienta.
-Ya,
aquí todo está muy cerca, ya te darás cuenta. Y por cierto, ¿Cuánto tiempo
tienes pensado quedarte? Me he puesto a hablar y ni siquiera te he dejado decir
nada.
-Bueno,
la verdad es que todavía no lo sé, quería pasar un tiempo sola, ya sabes, para
pensar y organizar un poco las ideas.
-¡¿Cómo?!
¿Estarás sola? –su voz sonó sorprendida y demasiado estridente.
-Pues
la verdad es que sí, ¿pasa algo? –No pude evitar que la alarma de su tono me
hiciese sentir incómoda y molesta, debí de reflejarlo en mi expresión porque su
contestación fue bastante más suave.
-No,
nada, es sólo que tu sola aquí, pues bueno no sé, ¿no te da miedo?, a mi me lo
daría, estoy segura.
Pareció
sufrir una especie de escalofrío mientras hablaba.
-¿Miedo?
No, no lo había pensado –y la verdad es que no lo había hecho, ¿tendría que
tener miedo en un lugar así?, no, no lo creía.
-Bueno
tú verás, últimamente parece que se esté convirtiendo en un moda –dijo mientras
terminaba de abrir la puerta de la tienda y me empujaba hacia dentro.
-¿Una
moda? – ¿qué se suponía que quería decir?
-¡¡Hola
señora María!! –saludaba con la mano a una mujer corpulenta que estaba detrás
de un largo mostrador de madera.
-Hola
Rosa, ¿Quién es tu amiga? –se recostó un poco sobre la madera para verme mejor,
era bajita, tenía el pelo gris muy corto y unos grandes ojos marrones.
-Es
Carla señora María, la sobrina de la señora Nadia, ¿se acuerda usted de ella?
-Madre
mía como no iba a acordarme, ¿y que haces aquí chiquilla?, deja que te vea.
-Vera
voy a…
Antes de que pudiese acabar siquiera la frase
Rosa comenzó a hablar de nuevo y a contarle todo lo que le había dicho, dejando
muy claro que me iba a quedar yo sola en esa casa tan vieja. En realidad le
agradecí que lo hiciera porque cada vez tenía menos ganas de hablar, cogí una
bolsa verde de plástico duro de un montón que había justo al lado de la puerta
y comencé a pasear por la tienda intentando encontrar algo para cenar esa
noche.
Primero
fui a la sección de limpieza, en realidad no se podía decir que la tienda
estuviese dividida en secciones eran más bien estanterías separadas en unos
tres pasillos con todas las cosas colocadas pulcramente pero sin lo que a mí me
pareció un orden aparente.
Después
de varios minutos deambulando sin mucho interés ya había encontrado todas las
cosas que necesitaba pero Rosa continuaba hablando con la señora María y no me
apetecía nada sumarme a la conversación por lo que decidí esconderme en uno de
los pasillos y curiosear distraída entre las cajas de cereales. Sentí entonces
que alguien me observaba, me volví rápidamente pero no vi a nadie, además
estaba casi segura de que al entrar la tienda estaba vacía a excepción de la
dueña y de nosotras dos así que me agaché para dejar la caja en su sitio. Cuando
me incorporé de nuevo vi unos ojos oscuros que me miraban con curiosidad desde
el otro lado de la estantería, era como una de esas escenas de película en la
que dos personas se miran entre unos libros en la biblioteca sólo que en este
caso eran cajas de galletas y cereales, lo que hacía que perdiese glamour y que
desde luego el efecto no fuese el mismo
-Esto…
Hola –saludé sin pensar, sus ojos profundos y oscuros me resultaban
extrañamente familiares.
-Hola
–su voz sonaba divertida –. Te he asustado ¿verdad?, lo siento.
-Tranquilo
es que no te había visto –me costaba mucho mirarle a los ojos ya que era más
alto que yo y me obligaba a girar la cabeza en un ángulo incómodo para verle, y
ni siquiera así podía hacerlo con claridad.
-Eres
Carla ¿no?, la sobrina de la señora Nadia.
-¿Nos
conocemos? –no estaba segura de conocerle, había algo en el que recordaba
aunque no sabía el que, tal vez su voz, ¿su mirada? Tampoco había recordado a
Rosa al principio por lo que no podía descartarlo.
-No,
no nos conocemos pero he oído como te presentaba tu amiga al entrar, de hecho
diría que lo más probable es que también se haya enterado medio pueblo por el
volumen de su voz.
-No
es mi amiga.
-Perdona.
Me di cuenta entonces de lo tajante que había
sonado, no era mi intención pero no pude evitarlo, aquella situación me hacía
sentir desorientada e incómoda.
-No,
es que éramos amigas de pequeñas pero hacía años que no nos veíamos, ya sabes –
se parecía demasiado a una disculpa.
-Ya,
así que ¿te vas a quedar sola en esa casa tan vieja? –lo dijo en un tono serio
pero bastante cómico intentando imitar el que había usado Rosa al entrar en la
tienda.
-La
verdad es que si, pero tampoco creo que sea algo tan dramático, sé cuidarme
sola.
-Apuesto
a que si, de hecho no tengo ninguna duda al respecto –aquella fue una
afirmación que no esperaba y no pude evitar erguirme al oírla, supe por la
manera de decirlo que ya no bromeaba.
Todo
aquello estaba empezando a intrigarme, el me hacía sentir así, tenía unos ojos
tan grandes, tan oscuros, no eran negros pero podían llegar a parecerlos y
empezaba a tener ganas de ver como era el resto, me apetecía averiguar cómo era
el dueño de esa voz tan profunda y a la vez juguetona, amen de que aquella
situación comenzaba a ser ridícula, ¿Qué hacía yo hablando a través de unas
cajas de cereales con un chico que no había visto en mi vida?, no dejaba de ser
divertido, incluso de tener un punto raro pero ¿hasta cuando íbamos a continuar
manteniendo una conversación de esa manera?
-¿Carla
has terminado? –era Rosa, no pude evitar dar un bote al oír mi nombre y aparté
mi mirada de sus ojos sólo un segundo para ver de donde procedía la voz, a
pesar de que ya lo sabía, fue un acto reflejo del que pronto me arrepentí.
-Si,
ya voy, oye tengo que… –cuando me volví de nuevo hacia el ya no estaba, justo
en ese momento oí el ruido metálico de la puerta al cerrarse, al asomarme al
pasillo sólo pude verle de espaldas por la ventana, si era más alto y delgado
que yo, tenía el pelo revuelto e igual de oscuro que los ojos, apenas tuve
tiempo de distinguir tan sólo su perfil. Me sentí bastante contrariada,
realmente había logrado despertar mi curiosidad.
De
vuelta a casa Rosa continuaba hablando aunque esta vez dejando educados
espacios en su monólogo para que yo pudiese decir algo o aportase mi opinión.
La mayor parte de nuestra conversación giró en torno a lo poco que había
comprado. Yo llevaba dos bolsas con productos de limpieza y Rosa una con algo
de comer, se podía ver sobresalir una esquina de la caja de cereales por un
pequeño agujero que le había hecho a la bolsa, al final había decidido
llevármelos.
-Oye
Rosa
-Dime
–la había interrumpido mientras me contaba de nuevo algo sobre la gran fiesta
que se hacía en el pueblo por la lluvia de estrellas, debía de gustarle mucho
aquella fiesta ya que era la segunda vez que la mencionaba, y la segunda vez
también que se sorprendía ante mi ignorancia, pues como ya le había dicho no
sabía que existiese una noche como aquella.
-¿Quién
era el chico que estaba en la tienda antes?
-¿En
la tienda? No sé... a si, a eso me refería antes cuando te he dicho que parecía
que se estaba convirtiendo en una moda esto de venir solo al pueblo. Me parece
que se llama algo así como Izan.
-¿Izan?
–bonito nombre.
-Eso
creo, no sé, no es de aquí, ya sabes del pueblo, pero no sé mucho de él, vino
la semana pasada o la anterior, solo y no habla demasiado. ¿Has hablado con él?
Porque yo lo he intentado un par de veces pero no me ha hecho demasiado caso.
-Si
bueno, no es que hayamos hablado mucho, estaba en la estantería de los cereales
y...
-¿Es
guapo verdad? –lo dijo con una entonación cantarina mientras se mordía el labio
inferior, ¿se había puesto roja?
-¿Guapo?
No sé, en realidad no le he visto la cara, sólo le he visto los ojos. Eran
bonitos, muy grandes, casi negros.
-¿A
si? –pareció perder repentinamente el interés por la conversación –. De todas
maneras ya tendrás tiempo de verle, vive en la casa que está justo enfrente de
la tuya, la que tiene esas plantas y flores tan cuidadas.
¿Enfrente
de mi casa? Me puse nerviosa y no pude
evitar sonreír al recordar lo que había estado pensando justo antes de ir a la
tienda, así que él era el extraño habitante de la casa de enfrente, y además
también estaba solo, un escalofrió me recorrió la espalda. ¿Me habría visto
sentada en las escaleras mirando hacia su casa? Tal vez por eso sé había
comportado de esa manera tan rara en la tienda, al fin y al cabo yo había
empezado, me había sentado frente a su casa mirándola fijamente.
Cuando
llegamos a casa me costó mucho convencer a Rosa de que no hacía falta que me
ayudase con las bolsas, no me apetecía que entrase conmigo, quería ponerme a
limpiar cuanto antes, limpiar me relajaba, además necesitaba una ducha, quería
despejarme y sentirme sola de una vez. Se suponía que a eso había venido y ya
llevaba más de medio día allí y apenas había estado un rato a solas, además
quería ponerlo todo en orden cuanto antes. Apenas había podido comer algo en el
tren y empezaba a sentirme hambrienta y cansada.
Al terminar de limpiar me di cuenta de que me había equivocado en mis
cálculos iniciales ya que no me costó tanto como creía poner la casa en orden.
Cuando todo estuvo recogido y en su sitio me permití darme esa ducha que tanto
necesitaba, di gracias porque el grifo aún funcionaba y puede que incluso
estuviese más tiempo de lo debido debajo del agua pero es que realmente
necesitaba relajarme. Me puse otra camiseta de manga corta negra y mis vaqueros
preferidos, estaban algo viejos y gastados pero no había sido capaz de encontrar
unos nuevos con los que me sintiese tan cómoda así que tras mucho discutir con
mi madre le había prometido que sólo me los pondría para estar en casa. Guardé
toda mi ropa en el armario y coloqué los libros que había llevado sobre el
tocador, en ese momento me di cuenta de que había llevado muy poca ropa, o
mejor dicho poca variedad, tres o cuatro vaqueros, un par de pantalones cortos
y algunas camisetas de manga corta y tirantes, todas lisas y sin estampados,
desde luego no me había esmerado demasiado al hacer la maleta, me encogí de
hombros mientras pensaba que sería más que suficiente para lo que había
planeado hacer.
miércoles, 30 de mayo de 2012
CAPITULO 1, LA LLEGADA
LA LLEGADA
Que lugar más gris, no lo recordaba así y en realidad no podía
quejarme, yo había decidido ir allí, me había plantado delante de mi madre y le
había dicho que ese verano me iría al pueblo de papá, a la vieja casa de la tía Nadia. Y cuando me
advirtió de que era una casa vacía y vieja, y desde luego que el destino que
había elegido era un pueblo aburrido y solitario para que una chica de
dieciocho años estuviese sola todo un verano no la hice caso, porque eso era lo
que quería, estar sola, pensar en lo que iba a hacer con mi vida, o algo así,
eso fue lo que le dije a ella, porque no podía decirle la verdad, ¿Cómo iba a
decirle que su hija tenia el presentimiento de que estaba empezando a volverse
loca? ¿Que hacia cosa de un par de meses había dejado de sentirme yo misma para
convertirme en alguien que no conocía?, ¿Cómo iba a decirle que un día me había
levantado sintiéndome más vacía, más sola, si ni siquiera me lo podía explicar
a mí misma? Siempre había sido diferente pero ahora…
Necesitaba
estar sola, necesitaba volver a conocerme de nuevo.
El viaje en tren había sido largo y muy cansado, en realidad demasiado
largo, porque me proporcionó tiempo de sobra para pensar en mi madre y en cómo
la había dejado en la estación, quieta y sola, mientras el tren se iba. Nunca
habíamos tenido una relación estrecha o de amigas pero aún así odiaba mentirla,
nunca lo hacía, siempre había sido sincera con ella incluso de pequeña o cuando
sabia que la verdad podría hacernos daño a las dos, y desde luego odiaba aún
más dejarla sola, porque aunque nuestra relación madre-hija se basaba casi
siempre en discutir o en el mejor de los casos en silencios eternos que podían
durar días, sólo me tenía a mí, no, sólo nos teníamos la una a la otra y ahora
yo estaba rompiendo mi parte del trato dejándola allí en la estación.
La
mayor parte del viaje la hice a solas, en algún momento alguien abrió la puerta
del compartimento aunque nadie llegó a entrar, cosa que agradecí, así que pasé casi todo el tiempo mirando sin
llegar a ver en realidad como el paisaje pasaba rápidamente ante la ventana.
Al
llegar tuve que coger un taxi para que me llevase de la estación a casa, y lo
que fue peor aún, tuve que buscar el papel que me había dado mi madre con la
dirección para dárselo al taxista que me miró con cara de pocos amigos cuando
le dije que no estaba muy segura del nombre de la calle. Y pensar que cuando me
dio el papel doblado la miré con cara de algo cercano a la indignación por
tener tan poca confianza en mí y en mi memoria, y en realidad no era eso,
simplemente me conocía incluso mejor que yo misma. Aunque hacía ya un tiempo
que su hija había dejado de ser ella misma. Ni siquiera podía explicarme cómo
no lo había visto, cómo no se había dado cuenta de que su hija ya casi no
estaba allí, o tal vez sí lo había visto, tal vez por esa razón me había dejado
marchar.
Cuando bajé del taxi intenté darme prisa en meter todas mis cosas en
casa, menos mal que por una vez había pensado en algo y había guardado las
llaves en el bolsillo exterior del bolso, eran cerca de las diez de la mañana y
hacía frío, no demasiado pero sí el suficiente como para que resultase difícil
pensar que estábamos a mediados de julio.
Cerré
los ojos. Abrí y cerré la puerta tras de mí, estaba agotada. Me senté encima de
la maleta respirando despacio y profundamente, pensando en qué tendría que
hacer, en cual era el siguiente paso lógico, por fin había conseguido llegar y
se suponía que ya había pasado la parte difícil, ahora sólo tendría que
centrarme en el presente, tenía que ir paso a paso, tenía que abrir los ojos y
comenzar a pensar con claridad.
Aquel parecía un pueblo tranquilo, la estación estaba vacía y apenas
había visto gente durante todo el trayecto en el taxi, las calles estaban casi
desiertas. Aunque también era verdad que el pueblo parecía un sitio encantador,
con sus casitas pequeñas de piedra, sus huertos y sus puertas abiertas de par
en par incluso a esas horas, desde luego ese tipo de ambiente no lo había en mi
ciudad. Si, seguro que todo iba a ir bien, todo aquello era lo que necesitaba,
tranquilidad, silencio y mis libros. En cuanto me hubiese instalado iría a
buscar alguna tienda donde comprar algo de comida y cosas para limpiar la casa,
¿Cuánto tiempo llevaría vacía? .A juzgar por el polvo acumulado sería bastante,
seguro que me llevaría el resto del día y parte del siguiente limpiarlo todo,
pero tiempo era lo único que al parecer iba a tener allí.
Había
tardado menos tiempo en llegar al pueblo de lo que pensé cuando organicé el
viaje en casa y aunque estaba segura de que todas las tiendas estarían ya
abiertas no me sentía con ánimos de salir tan pronto, así que decidí investigar
un poco por la casa. Había dos habitaciones, las dos bastante grandes aunque no
iguales del todo. Estaban juntas, una en el lado izquierdo del pasillo y la
otra en frente, ambas tenían grandes
ventanas de madera por las que una vez abiertas entró una suave y cálida luz
amarilla, aquella luz sí la recordaba, tal vez ayudase a mitigar esa sensación
tan extraña que tenía de estar rodeada por algo gris.
Antes
de llegar a las habitaciones, a la derecha estaba la sala y en el mismo lado
del pasillo la cocina, cuadrada, no demasiado grande pero si amplia y también
luminosa, y al lado de la entrada, tras una puerta de madera blanca estaba el
baño, más bien pequeño, aunque eso no me importaba demasiado ya que no iba a
tener que compartirlo con nadie, lo que si me preocupaba algo más era la vieja
bañera, antigua y descuidada, sin duda gran parte de la limpieza general que
había planeado tendría lugar allí más que en ninguna otra estancia de la casa.
Decidí quedarme con la habitación más amplia,
la del fondo del pasillo, tenía una cama grande pero sencilla justo en el medio
de la habitación. Junto a la pared, un armario de madera enorme con dos puertas,
en frente de la cama una especie de tocador con cajones y un espejo encima, y
una pequeña mesita de noche. Tendría espacio más que suficiente para mis cosas.
Además tenía esa gran ventana por la que ya entraba tímidamente el sol, lo que
hizo que me preguntase cómo de soleados podían llegar a ser allí los días.
Todos los muebles de la casa parecían antiguos, y bajo el polvo y el olor a
cerrado había algo más, la sensación de haber retrocedido en el tiempo.
Me
hubiese gustado vaciar la maleta para poder colocar mi ropa y mis cosas pero
estaba claro que primero tendría que limpiar a fondo la habitación, los
armarios estaban casi tan llenos de polvo por dentro como por fuera así que
decidí que a pesar de mi ánimo ya era hora de salir de excursión. Me cambié de
ropa dejando sobre la cama la que había llevado en el viaje que ya sentía
sudada y sucia. Me lavé la cara con agua helada en el baño, después de limpiar
me daría una buena ducha si es que aún funcionaba el grifo de la bañera. Me
puse unos vaqueros, una camiseta negra y la chaqueta verde, eso estaría bien,
no quería que nadie se fijase en mi, por lo que recordaba de los pueblos
enseguida se daban cuenta de que alguien nuevo había llegado así que, cuanto
menos llamase la atención, mejor.
Cogí
el mismo bolso que había llevado en el viaje, abrí la puerta y allí sentada en
las escaleras vi por primera vez a Rosa.
martes, 29 de mayo de 2012
EL INICIO
Hola!
Me llamo Amaya y digamos que tengo una edad mas que aceptable para saber lo que quiero hacer con mi vida. De hecho se lo quiero hacer con ella. Quiero escribir. Adoro escribir.
Durante un tiempo decidí que me regodearía en mi dolor y desencanto por todas y cada una de las negativas que iba recibiendo de las editoriales a mi novela Renacidos, primer viaje. Pero creo que ya termino ese tiempo y que ahora comienza otro nuevo, el de dar a conocer al resto del mundo mi obra.
Mi plan es el siguiente: iré publicando capítulos de mi novela junto con algún que otro material gráfico y comentarios sobre lo que me movió ha dirigir de una u otra manera el destino de sus protagonistas, aunque en ocasiones creo que eran ellos mismos los que decidian que debían o no hacer, yo era simplemente una seguidora de sus deseos.
Para finalizar he de pediros un favor, que tengaís paciencia conmigo ya que el noble arte del manejo de un blog me es de momento limitado por lo que seguramente nunca haré lo que realmente me gustaría ni pondré una foto en su lugar correcto, pero estoy convencida de que poco a poco iré aprendiendo, por lo que repito: un poco de paciencia por favor.
Bienvenidos al mundo de Renacidos
Me llamo Amaya y digamos que tengo una edad mas que aceptable para saber lo que quiero hacer con mi vida. De hecho se lo quiero hacer con ella. Quiero escribir. Adoro escribir.
Durante un tiempo decidí que me regodearía en mi dolor y desencanto por todas y cada una de las negativas que iba recibiendo de las editoriales a mi novela Renacidos, primer viaje. Pero creo que ya termino ese tiempo y que ahora comienza otro nuevo, el de dar a conocer al resto del mundo mi obra.
Mi plan es el siguiente: iré publicando capítulos de mi novela junto con algún que otro material gráfico y comentarios sobre lo que me movió ha dirigir de una u otra manera el destino de sus protagonistas, aunque en ocasiones creo que eran ellos mismos los que decidian que debían o no hacer, yo era simplemente una seguidora de sus deseos.
Para finalizar he de pediros un favor, que tengaís paciencia conmigo ya que el noble arte del manejo de un blog me es de momento limitado por lo que seguramente nunca haré lo que realmente me gustaría ni pondré una foto en su lugar correcto, pero estoy convencida de que poco a poco iré aprendiendo, por lo que repito: un poco de paciencia por favor.
Bienvenidos al mundo de Renacidos
EL MUNDO DE RENACIDOS
El mundo de Renacidos es como tu mundo o el mio, lleno de gente, de cosas, de lugares. Con dias felices y otros no tanto. Con pueblos y ciudades sin nombre. Con hombres y mujeres caminando a tu lado inmersos en sus propios mundos. Solo tiene una diferencia y es que cuando en el mundo de Renacidos te encuentras con alguien, le ves por primera vez y sientes que le conoces, que su voz te es familiar, que sus ojos ya te habían hablado antes es porque todo eso ya te habia ocurrido.
Todos en algun momento hemos sentido que una situacion nos era demasiado familiar, hemos pensado que nuestra vida estaba equivocada, que la proxima vez, la siguiente oportunidad sería la buena. Ese es el mundo de Renacidos, donde tal vez tengas una proxima oportunidad, donde es posible nacer de nuevo...
Pero, ¿Eres tu un Renacido?
Todos en algun momento hemos sentido que una situacion nos era demasiado familiar, hemos pensado que nuestra vida estaba equivocada, que la proxima vez, la siguiente oportunidad sería la buena. Ese es el mundo de Renacidos, donde tal vez tengas una proxima oportunidad, donde es posible nacer de nuevo...
Pero, ¿Eres tu un Renacido?
domingo, 27 de mayo de 2012
PROLOGO
¿En
qué momento dejas de necesitar el contacto de la persona que duerme a tu lado
en la cama? No me refiero a que no quieras tocarle sino al momento en el que ya
no lo necesitas, en el que puedes dormir sin tocar alguna parte de su cuerpo,
sin sentir el calor que desprende, en el que no necesites su contacto.
Su
contacto, es una sensación extraña, es más que eso, es como una necesidad, no sólo
sentir que está cerca sino tocarle y a veces incluso agarrarle como si fuese a
escapar. No concibo que eso pueda ocurrir, no si la persona que tienes a tu
lado es la persona con la que debes estar, con la que sabes que debes estar
porque todo tu cuerpo te lo recuerda constantemente, incluso cuando no está a
tu lado.
Todo
tiene un comienzo, cualquier historia lo tiene, incluso las historias que
empiezan dieciocho años más tarde de lo que debieron, porque eso es lo que me
pasó a mí.
Mi
vida empezó dieciocho años después de haber nacido.
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